El oficio del encofrador se sostiene sobre un conjunto de materiales y herramientas que hay que conocer bien. No basta con montar tableros: saber qué pieza usar en cada caso, cuándo está gastada y cómo guardarla marca la diferencia entre un tajo rentable y uno que da problemas. En este artículo repasamos el equipo habitual, para qué sirve cada elemento y cómo mantenerlo en condiciones.
Los tableros: la piel del encofrado
El tablero es la superficie que queda en contacto con el hormigón y, por tanto, define el acabado de la cara vista. Los dos tipos más habituales en obra son el tablero fenólico y el contrachapado.
El tablero fenólico lleva un recubrimiento de resina en ambas caras que lo hace resistente al agua y le da una superficie lisa. Es la opción preferida cuando se busca un hormigón visto de buen acabado, porque deja una textura uniforme y aguanta muchos usos si se trata con cuidado. El contrachapado sin recubrir, más económico, se emplea en zonas donde el acabado no se ve o en trabajos puntuales, pero absorbe humedad y se degrada antes.
Conviene revisar los cantos de los tableros: es donde primero entra el agua y empiezan a hincharse y delaminar. Muchos encofradores sellan los cantos con pintura o barniz para alargar su vida. Un tablero con la cara rayada, con astillas o con la resina levantada transmitirá esos defectos al hormigón, así que la inspección antes de cada uso no es opcional.
Puntales y sopandas: el apeo
El puntal es el elemento vertical que soporta y transmite las cargas del encofrado, sobre todo en forjados y losas. Los puntales metálicos telescópicos permiten regular la altura y llevan una rosca para el ajuste fino. Su capacidad de carga depende de la altura a la que se extienden: cuanto más alto, menos aguantan. Por eso hay que respetar siempre las tablas del fabricante y no improvisar con puntales al límite de su recorrido.
Las sopandas son las vigas horizontales que apoyan sobre los puntales y reparten la carga del tablero. Junto con las sopandas se usan sotasopandas o durmientes según el sistema. El conjunto puntal-sopanda forma el apeo que sostiene un forjado hasta que el hormigón adquiere resistencia suficiente. Si te interesa cuándo retirar ese apeo con seguridad, tenemos una guía sobre tiempos de desencofrado que lo explica en detalle.
Revisa que los puntales no estén doblados ni con la rosca dañada, y que las bases y cabezas no tengan hormigón pegado que impida un buen asiento. Un puntal torcido pierde una parte importante de su capacidad.
Paneles metálicos y sistemas modulares
Los paneles metálicos o marcos modulares han ganado terreno en muros, pilares y muros de contención. Son estructuras de acero o aluminio con el tablero incorporado, que se unen entre sí con grapas o cuñas y se manipulan a menudo con grúa. Su ventaja es la rapidez de montaje, la repetición de módulos y una gran resistencia a la presión del hormigón.
Existen distintos sistemas y configuraciones según el elemento a hormigonar. Si quieres una visión general de las familias de encofrado y cuándo usar cada una, puedes consultar el artículo sobre tipos de encofrado. La clave con los paneles es mantener limpias las superficies de contacto y las piezas de unión, porque el hormigón acumulado impide el ensamblaje correcto y deja marcas.
Tirantes, barras y tuercas de arriostrado
Cuando se hormigona un muro, la presión del hormigón fresco empuja las dos caras del encofrado hacia fuera con mucha fuerza. Para contrarrestarlo se usan los tirantes o barras de arriostrado, que atraviesan el muro y unen ambas caras, junto con sus tuercas y placas de reparto.
La barra pasa normalmente por el interior de un tubo de plástico que actúa de separador y permite recuperar la barra tras el desencofrado. Las tuercas se aprietan contra las placas para mantener las caras a distancia constante. Es fundamental colocar el número de tirantes que indica el diseño y en la posición prevista: prescindir de alguno o mal repartirlos provoca abombamientos en el muro. En la guía de cómo montar un encofrado de muro se ve el papel de estos elementos en el conjunto.
Separadores, berenjenos y junquillos
Los separadores son piezas pequeñas, de plástico u hormigón, que se colocan entre la armadura y el tablero para garantizar el recubrimiento de las barras de acero. Sin ellos, la armadura quedaría pegada a la superficie y el hormigón no la protegería frente a la corrosión. Es un detalle discreto pero decisivo para la durabilidad.
Los berenjenos (también llamados junquillos o baquetones) son listones, normalmente de sección triangular o media caña, que se fijan en las esquinas interiores del encofrado para achaflanar o redondear las aristas del hormigón. Además de dar un acabado más limpio, protegen las esquinas de golpes y desconchones. Se fijan al tablero y hay que asegurarse de que quedan bien sujetos para que no se muevan durante el hormigonado.
Desencofrante
El desencofrante es el producto que se aplica sobre la cara del tablero antes de hormigonar para evitar que el hormigón se adhiera. Su función es doble: facilita la separación limpia del encofrado y protege la superficie del tablero, alargando su vida útil. Se aplica en capa fina y uniforme, sin charcos, porque el exceso mancha el hormigón y puede dejar zonas pulverulentas. Aplicarlo antes de colocar la armadura evita salpicar el acero, que debe quedar limpio para adherirse bien al hormigón.
Herramienta de mano y medición
Junto al material estructural, el encofrador maneja a diario una serie de herramientas básicas:
- Martillo y pata de cabra: para clavar, desclavar y hacer palanca al desencofrar.
- Nivel y plomada: imprescindibles para comprobar horizontalidad y aplomado. Un muro o pilar fuera de plomo es un defecto difícil de corregir después.
- Metro y cinta métrica: la medición constante es la base de un replanteo correcto.
- Sierra: manual o de calar, para ajustar tableros, listones y tapes.
- Taladro y atornillador: para fijaciones, montaje de accesorios y perforaciones.
- Escuadra, lápiz y cordel de marcar: para trazar líneas de referencia sobre la superficie de trabajo.
A esto se suma el equipo de protección individual, que merece su propio capítulo. Puedes repasarlo en la guía de seguridad y EPIs en el encofrado.
Mantenimiento y almacenaje
El material de encofrado es una inversión, y su rentabilidad depende del número de puestas que consiga. Un cuidado básico lo alarga notablemente:
- Limpieza inmediata: retira el hormigón pegado antes de que fragüe. Una vez endurecido cuesta mucho más quitarlo y daña las superficies. Usa espátulas de plástico o madera en los tableros para no rayarlos.
- Protección de los tableros: guárdalos en horizontal, apilados sobre durmientes, en lugar cubierto y ventilado. Evita el contacto directo con el suelo y la intemperie, que hincha la madera.
- Puntales y accesorios: engrasa ligeramente las roscas para que sigan girando bien, revisa que no haya piezas dobladas y almacena tuercas, grapas y separadores en cajas identificadas para no perderlos.
- Inventario y clasificación: separa el material en buen estado del que hay que reparar o descartar. Trabajar con piezas defectuosas mezcladas ralentiza el montaje y compromete la seguridad.
Conocer bien el equipo es parte esencial del oficio. Si quieres una panorámica de las tareas del día a día, tienes el artículo sobre qué hace un encofrador, y en el directorio puedes encontrar empresas y profesionales del sector.