Encofrar un muro es de los trabajos más agradecidos del oficio cuando sale bien, y de los más problemáticos cuando algo falla, porque los errores se ven y se pagan caros. La clave no es la fuerza, es el orden: replantear bien, cerrar en el momento adecuado y no saltarse los controles. Vamos con el proceso paso a paso, tanto si trabajas con panel metálico como con tablero fenólico.
1. Replanteo: aquí se gana o se pierde el muro
Antes de tocar un panel, marca en la solera o zapata la línea del muro por sus dos caras y sus extremos. Comprueba escuadras, diagonales y niveles. Un replanteo con un par de centímetros de error se arrastra hasta el final y ya no se corrige.
Muchos encofradores fijan un listón o berenjeno de arranque (una guía) en el suelo por la cara interior de la primera pared. Ese tope da referencia, sujeta el pie del encofrado y evita que la base se desplace al hormigonar. Repasar el replanteo dos veces es tiempo bien invertido.
2. Montaje de la primera cara
Se levanta primero una sola cara del muro, apoyada en la guía de arranque y aplomada. Se arriostra con puntales o estabilizadores anclados al suelo para que quede firme y vertical por sí sola. Esta primera cara es la referencia de todo lo que viene después, así que dedícale tiempo a dejarla perfectamente aplomada y alineada.
Si el muro es largo, ve casando paneles o tableros cuidando la continuidad y la planeidad. Cualquier panza o desnivel que dejes aquí saldrá calcado en el hormigón.
3. Colocación de la armadura
Con una cara montada y la otra aún abierta, es el momento cómodo para colocar la armadura según planos: parrillas, esperas, refuerzos de huecos y solapes. Aprovecha que tienes acceso libre por un lado.
Coloca los separadores (calzos) para garantizar el recubrimiento de hormigón que protege el acero. Este punto es innegociable: sin recubrimiento correcto el muro pierde durabilidad. Deja también previstos pasatubos, cajeados y cualquier hueco antes de cerrar.
4. Cierre de la segunda cara
Ahora se monta la segunda cara, la que cierra el molde. Antes de cerrar del todo, revisa que dentro no queda basura, alambres sueltos ni restos: una vez cerrado ya no ves el interior. Aplica desencofrante a las caras que van a estar en contacto con el hormigón, cuidando de no manchar la armadura.
5. Separadores de espesor, tirantes y barras
El muro tiene que tener un espesor constante, y para eso se colocan separadores internos (conos o tubos separadores) que fijan la distancia entre las dos caras. A través de ellos pasan los tirantes o barras tipo dywidag, que atraviesan el muro de cara a cara y se aprietan con placas y tuercas por fuera.
Estos tirantes son los que aguantan el empuje del hormigón fresco, que es enorme. No es opcional apretarlos bien ni respetar el número y la distribución previstos: si un tirante falta o queda flojo, el muro se abre por ahí. Distribúyelos de forma regular, en filas y columnas ordenadas, y aprieta con la herramienta adecuada, ni de menos ni forzando la rosca.
6. Apuntalamiento, alineación y aplomado
Con las dos caras montadas y tirantes puestos, llega el ajuste fino. Los estabilizadores (puntales inclinados anclados al suelo) permiten empujar o tirar de la cara para dejarla vertical y alineada. Aploma con nivel o plomada en varios puntos, no solo en uno, y comprueba la alineación mirando el paño a lo largo, buscando panzas.
- Aploma en varios puntos de la altura, no solo abajo.
- Revisa la alineación horizontal del coronamiento.
- Asegura que todos los puntales están anclados y en carga, no solo apoyados.
Este trabajo de precisión es una parte central de lo que hace un encofrador a diario, y es lo que distingue un muro bien rematado de uno que hay que picar.
7. Control antes de hormigonar
Antes de dar el visto bueno al hormigonado, un repaso ordenado. Comprueba:
- Aplomado y alineación de las dos caras.
- Todos los tirantes puestos y apretados, sin ninguno olvidado.
- Estabilizadores y puntales firmes y anclados.
- Espesor y separadores correctos en toda la altura.
- Armadura, recubrimientos, pasatubos y huecos en su sitio.
- Base bien sellada para que no se escape la lechada por el pie.
Este control final es el momento de encontrar el fallo, no después. Muchos de los problemas que vemos en el hormigón acabado se habrían evitado con cinco minutos de repaso aquí; hablamos de ellos en errores comunes en el encofrado.
8. Precauciones al hormigonar
El hormigón fresco empuja con mucha fuerza contra el encofrado, y ese empuje es mayor cuanto más rápido subes el nivel y cuanto más fluido es el hormigón. Por eso se hormigona por tongadas, en tandas de altura controlada, dando tiempo entre capas y vibrando cada una sin pasarse.
- Controla la velocidad de llenado: subir demasiado rápido dispara el empuje y puede abrir el molde o reventar un tirante.
- Vibra lo justo: el vibrado compacta y elimina coqueras, pero un exceso segrega el hormigón y aumenta la presión sobre las caras.
- Vigila durante todo el vertido: alguien tiene que estar pendiente de tirantes, base y juntas por si algo empieza a ceder, para parar a tiempo.
- Cuidado con el pie del muro: es la zona de mayor presión; asegúrate de que la base aguanta y no se fuga la lechada.
Un muro bien encofrado, hormigonado con cabeza y desmoldado en su momento, sale limpio y aplomado. Sobre cuándo retirar el encofrado con seguridad tienes más detalle en tiempos de desencofrado. Con orden, control y respeto al empuje del hormigón, encofrar un muro deja de ser un riesgo y pasa a ser rutina.