El encofrado es uno de los trabajos con más exposición a riesgos de toda la construcción. Se trabaja en altura, se manejan cargas pesadas, hay herramientas de corte, y el empuje del hormigón fresco puede convertir un descuido en un accidente grave. La buena noticia es que casi todos esos riesgos se conocen bien y se pueden controlar con equipos adecuados, protecciones colectivas y una forma de trabajar ordenada.
En esta guía repasamos los principales peligros del encofrado, los equipos de protección individual que no pueden faltar, las protecciones colectivas que hay que exigir en obra y unas cuantas prácticas que marcan la diferencia entre una jornada segura y un susto.
Principales riesgos en el encofrado
Antes de hablar de protección, conviene tener claro de qué nos protegemos. Estos son los riesgos más habituales del oficio:
- Caídas de altura. Es el riesgo más grave. Trabajar sobre forjados sin cerrar, en bordes de losa, plataformas o encofrados trepantes multiplica el peligro. Una caída de altura suele tener consecuencias serias.
- Caídas al mismo nivel. Tropezones con tableros, puntales, restos de material o clavos por el suelo. Menos aparatosas pero muy frecuentes.
- Atrapamientos. Manos y dedos entre paneles, al cerrar moldes, al mover puntales o durante el montaje y desmontaje de encofrados pesados.
- Cortes y pinchazos. Con sierras, alambres, armaduras que sobresalen, tableros astillados y, sobre todo, clavos.
- Sobreesfuerzos. Levantar tableros y puntales, adoptar posturas forzadas y repetir movimientos pesados es una fuente constante de lesiones de espalda y articulaciones.
- Empuje del hormigón. Un encofrado mal apuntalado o mal arriostrado puede reventar por la presión del hormigón fresco durante el vertido, con proyección de material y riesgo de golpes.
Si quieres entender mejor cómo se monta un molde para que resista precisamente ese empuje, te será útil el artículo sobre cómo montar un encofrado de muro.
Equipos de protección individual (EPIs)
Los EPIs son la última barrera cuando el resto de medidas no ha sido suficiente. No sustituyen a las protecciones colectivas, pero son imprescindibles y deben usarse siempre. Estos son los básicos en el encofrado:
- Casco. Protege de golpes y de la caída de objetos y materiales, muy frecuente cuando se trabaja a varios niveles. Se lleva siempre en obra, sin excepciones.
- Botas de seguridad. Con puntera reforzada y plantilla anticlavos. En el encofrado el suelo suele estar lleno de clavos y restos, así que la plantilla resistente a la perforación es clave.
- Guantes. Contra cortes, astillas y roces al manejar tableros, armaduras y puntales. Conviene elegir el tipo adecuado a la tarea.
- Arnés anticaídas. Imprescindible cuando se trabaja en altura sin protección colectiva suficiente. Debe ir anclado a un punto seguro mediante línea de vida o dispositivo adecuado, y revisarse antes de cada uso.
- Gafas de protección. Frente a proyección de partículas al cortar, clavar o manipular hormigón y al usar herramientas eléctricas.
- Ropa de trabajo adecuada. Ajustada, sin partes sueltas que puedan engancharse, y con alta visibilidad cuando hay maquinaria o tráfico de obra.
Un EPI solo protege si está en buen estado y se usa bien. Un arnés sin anclar, un casco colgado del cinturón o unas gafas en el bolsillo no sirven de nada. La responsabilidad de usarlos es diaria, no puntual.
Protecciones colectivas: la primera línea
Frente al EPI, que protege a una persona, la protección colectiva protege a todos los que trabajan en la zona y por eso tiene prioridad. En el encofrado, las más importantes son:
- Barandillas. En bordes de forjado, huecos y plataformas. Con pasamanos, listón intermedio y rodapié para evitar caídas de personas y de objetos.
- Redes de seguridad. Para detener caídas de altura, especialmente en la construcción de forjados y estructuras.
- Plataformas de trabajo. Estables, completas y bien apoyadas, para trabajar con seguridad en altura sin improvisar apoyos.
- Protección de esperas y armaduras. Setas o tapones sobre las armaduras que sobresalen, para evitar pinchazos e impactos graves en caso de caída.
- Cerramiento de huecos. Tapar o proteger huecos en forjados por los que una persona pueda caer.
La regla es clara: siempre que sea posible, se recurre primero a la protección colectiva. El EPI complementa, no reemplaza. Si detectas que falta una barandilla o que un hueco está sin proteger, hay que avisar antes de seguir trabajando en esa zona.
Manipulación manual de cargas
Los sobreesfuerzos no dan la espectacularidad de una caída, pero son una de las causas más frecuentes de baja laboral en el oficio. Para reducirlos:
- Levanta con las piernas, manteniendo la espalda recta y la carga pegada al cuerpo.
- No cargues solo lo que necesita dos personas. Pide ayuda para tableros y puntales pesados.
- Usa medios auxiliares y maquinaria de elevación siempre que sea posible en vez de cargar a brazo.
- Evita giros de tronco con peso; mueve los pies para orientarte.
- Reparte el esfuerzo a lo largo de la jornada y evita las prisas al final del tajo, cuando el cansancio acumulado dispara los errores.
Orden y limpieza: seguridad barata y eficaz
Buena parte de los accidentes leves y no tan leves vienen de un tajo desordenado. El orden y la limpieza son la medida de seguridad más barata que existe y, aun así, la que más se descuida:
- Clavos. Los tableros retirados van con los clavos doblados o quitados. Un clavo hacia arriba en el suelo es un accidente esperando a pasar.
- Material recogido. Puntales, tableros y restos apilados en zonas designadas, no tirados por los pasos de circulación.
- Vías libres. Los accesos y las zonas de paso, despejados. En altura esto es todavía más importante.
- Retirada de escombros. Sin acumular restos que estorben o creen riesgo de tropiezo o de caída de objetos a niveles inferiores.
Coordinación en obra
El encofrador no trabaja aislado: comparte espacio con ferrallistas, gruistas, hormigoneras y otros oficios. Muchos accidentes ocurren precisamente en esas interferencias entre tajos. Por eso la coordinación es una parte esencial de la prevención:
- Respeta la señalización y las zonas balizadas de la obra.
- Comunícate con el gruista con señales claras y acordadas al mover cargas.
- No trabajes debajo de cargas suspendidas ni de tajos activos en niveles superiores.
- Avisa a los compañeros antes de retirar una protección o de iniciar una maniobra que les afecte.
- Sigue las indicaciones del recurso preventivo y del responsable de seguridad de la obra.
La formación en prevención es tan parte del oficio como saber montar un molde. Si estás empezando, te interesa combinar la parte técnica con la de seguridad desde el principio; en esta guía sobre cómo formarse como encofrador tienes una buena base para orientarte.
En resumen
La seguridad en el encofrado no es un trámite: es lo que te permite terminar la jornada sin lesiones y volver mañana. Conoce los riesgos, usa los EPIs correctos y en buen estado, exige y respeta las protecciones colectivas, cuida la espalda al mover cargas, mantén el tajo ordenado y coordínate con el resto de la obra. Ninguna prisa ni ningún plazo justifican asumir un riesgo evitable. Para seguir profundizando en el oficio con criterio, tienes más contenidos en el blog.