Buena parte de los defectos que aparecen en el hormigón no se originan en la mezcla, sino en el encofrado que la contiene. Un molde mal replanteado, mal aplomado o mal sellado deja su huella en el elemento acabado, y corregirlo después es caro o directamente imposible. La buena noticia es que casi todos estos errores son evitables con método y con una revisión ordenada antes de hormigonar. Repasamos los más habituales.
Mal replanteo
El replanteo es el punto de partida: trasladar al terreno o a la estructura las medidas y ejes del proyecto. Un error aquí se arrastra a todo lo demás. Encofrar un muro unos centímetros desplazado, con un ancho equivocado o con una cota mal tomada obliga a demoler o a improvisar soluciones que rara vez quedan bien.
Para evitarlo, conviene partir de referencias fiables, comprobar las medidas más de una vez y marcar con claridad ejes y líneas antes de montar nada. Medir dos veces y cortar una sigue siendo la mejor regla del oficio. Verificar las diagonales en elementos rectangulares es una forma sencilla de comprobar que la escuadra es correcta.
Falta de aplomado
Un pilar o un muro deben quedar verticales. Si el encofrado se monta sin comprobar el aplomado con nivel y plomada, el elemento saldrá inclinado, y ese defecto queda a la vista y afecta a la geometría de toda la estructura. El aplomado hay que comprobarlo durante el montaje y volver a verificarlo justo antes de hormigonar, porque el propio proceso de colocación y arriostrado puede haberlo movido.
Los elementos de arriostramiento y los tornapuntas sirven precisamente para mantener el encofrado en posición. No basta con dejarlos apoyados: hay que ajustarlos y comprobar que sujetan de verdad.
Apuntalamiento insuficiente
El apeo sostiene el peso del hormigón fresco, del propio encofrado y de las cargas de trabajo hasta que la pieza adquiere resistencia. Escatimar puntales, colocarlos mal repartidos o apoyarlos sobre bases inestables es una de las causas más graves de fallo, porque puede acabar en un colapso durante el hormigonado.
Cada puntal tiene una capacidad de carga que depende de la altura a la que se extiende, y hay que respetar la distribución prevista. Las bases deben apoyar sobre superficie firme y nivelada, nunca sobre terreno blando sin un durmiente que reparta la carga. Sobre este tema conviene conocer bien el equipo; en la guía de tipos de encofrado se ven los sistemas de apeo más habituales.
Fugas de lechada por juntas mal selladas
Cuando las juntas entre tableros o entre el encofrado y la superficie de apoyo no quedan bien cerradas, la lechada (la parte fina y líquida del hormigón) se escapa por ellas. El resultado son rebabas, pérdida de finos y, en las zonas donde se ha ido el mortero, coqueras y árido visto.
Para evitarlo hay que cuidar el ajuste entre paneles, sellar los encuentros con juntas, cintas o masilla según el sistema, y prestar especial atención al arranque, donde el encofrado apoya sobre el hormigón o el terreno. Un tablero deformado o con los cantos dañados nunca cerrará bien, de ahí la importancia de revisar el material antes de montarlo.
Exceso de velocidad de hormigonado
El hormigón fresco ejerce una presión sobre las caras del encofrado que crece con la altura de vertido y con la rapidez con que se llena. Si se hormigona un muro demasiado deprisa, sin dar tiempo a que las tongadas inferiores empiecen a asentar, la presión puede superar lo que el encofrado y sus tirantes están preparados para soportar, con riesgo de abombamiento o reventón.
La solución es hormigonar por tongadas de altura moderada, respetando un ritmo que permita repartir la carga, y vibrar cada tongada sin excederse. El vibrado consolida el hormigón y elimina el aire atrapado, pero un vibrado excesivo o desordenado también aumenta la presión sobre el molde. En la guía de cómo montar un encofrado de muro se explica cómo el arriostrado se dimensiona precisamente para esa presión.
Desencofrado prematuro
Retirar el encofrado antes de que el hormigón haya alcanzado resistencia suficiente es un error frecuente por prisas de plazo. Un desencofrado prematuro puede provocar desde desconchones y roturas de aristas hasta deformaciones o, en elementos que trabajan a flexión como forjados, fallos estructurales.
Los plazos dependen del tipo de elemento, del tipo de cemento, de la temperatura y de las cargas previstas. No hay un número universal: hay que seguir las indicaciones del proyecto y de la dirección de obra. Para entender los factores que intervienen, tienes el artículo sobre tiempos de desencofrado, que ayuda a no confundir el tiempo de retirada de las caras laterales con el del apeo de un forjado, que es mucho más largo.
Encofrado sucio o sin desencofrante
Hormigonar contra un tablero sucio, con restos de hormigón viejo, serrín o alambres, o sin aplicar desencofrante, produce defectos de superficie muy reconocibles:
- Coqueras y nidos de grava: huecos donde el mortero no ha rellenado y queda el árido grueso visto, por falta de compactación o por fuga de finos.
- Rebabas: resaltes de hormigón que se cuela por juntas abiertas.
- Adherencias y superficies dañadas: cuando el hormigón se pega al tablero por falta de desencofrante y se arranca al retirar el molde.
La prevención es sencilla: limpiar el tablero antes de cada puesta, aplicar desencofrante en capa fina y uniforme, y comprobar que dentro del encofrado no queda nada que no deba estar antes de cerrar.
Controles previos al hormigonado
La mayoría de estos errores se atajan con una última revisión ordenada antes de dar la orden de hormigonar. Un repaso rápido de comprobaciones:
- Replanteo, dimensiones y diagonales verificados frente al plano.
- Aplomado y nivelación comprobados con nivel y plomada.
- Apuntalamiento completo, bien repartido y sobre bases firmes.
- Tirantes y arriostrado colocados en número y posición previstos.
- Juntas cerradas y encuentros sellados para evitar fugas de lechada.
- Armadura con sus separadores y recubrimiento correcto.
- Interior del encofrado limpio y desencofrante aplicado.
- Accesos y medios de vibrado y vertido preparados.
Dedicar unos minutos a esta lista antes de cada hormigonado evita la inmensa mayoría de los defectos que luego cuesta días reparar. El oficio se aprende con la práctica, pero también con método; si te interesa cómo entrar en la profesión, tienes la guía sobre cómo formarse como encofrador. Y para conocer más sobre el sector puedes visitar la página principal.